Reflexiones indocumentadas de una middle class sobre los millennials.

Reflexiones indocumentadas de una middle class sobre los millennials.

10 febrero, 2016
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Ya saben que llevo a gala mi olfato para captar tendencias, algo muy meritorio teniendo en cuenta que vivo en Venta de Baños, un pueblo perdido en la olvidada Castilla.

¡Pero que dice esta mujer! – pensarán algunos- Como dice qué Venta de Baños es un pueblo perdido, si ha sido desde siempre un nudo fundamental en la comunicación de la península (vean si estaré a la última que no me atrevo a decir España); si hasta hay fuentes apócrifas que pretenden que en su venta – sí esa que continúa en ruinas y llena de basura- tuvo lugar el primer encuentro entre Isabel y Fernando, los futuros Reyes Católicos. Si piensan esto es seguro que no han visitado Venta de Baños desde hace tiempo. Si lo hubieran hecho sabrían que ese nudo de comunicación tan famoso se ha convertido en un nudo gordiano, con una estación desierta y laberíntica por donde es difícil transitar, y moverte de un andén a otro con una maleta, un carrito de niños o una silla de ruedas, podría computar sin ningún problema para la maratón de los Alpes.

No hace falta salir de tu pueblo para estar a la última. A una mujer de clase media con recursos, como yo, le basta hojear las revistas femeninas del fin de semana para conseguir un ligero barniz de modernidad. Tampoco hace falta empaparse mucho, si total las tendencias vienen a durar lo que dura la tesis de cualquier sociólogo americano pasada por las teclas de un periodista de sociedad: una semana más o menos hasta que empieza a enranciar. Y no vean con que alivio he descubierto, que toda la generación perdida de hace unos años se ha convertido, por obra de una revista de fin de semana, en generación de los millennials. Y me llena de orgullo y esperanza que en Venta de Baños tengamos una abundancia y una calidad de millennials fuera de lo común. Y lo digo con conocimiento de causa: todo el día estoy rodeada de jóvenes de entre 20 y 35 años, que como dicen las revistas son idealistas, no tienen miedo al fracaso y viven hiperconectados.

En el año 2012, en pleno apocalipsis, la editorial Ariel publicó un libro muy interesante: Los nuevos inquilinos. Ensayos para un mundo pendiente. En este libro, cuya lectura les recomiendo (aunque no comparta muchas de sus soluciones) un grupo de blogueros jóvenes reflexionaba sobre el papel y el futuro de la juventud en la nueva sociedad. Argumentaba Pablo Simón en su capítulo La terraza, que era ahí, en la terraza donde habían acabado encerrados los jóvenes españoles. Una terraza fenomenal para organizar fiestas, desde donde todo se percibía pequeño y manejable, desde donde quedaba oculta la suciedad de la calle. Y por supuesto a la vista de todo el mundo, ya que todo era perfecto, envidiable, lucía el sol, hacía buen tiempo. Y de repente empezó a granizar y la puerta de entrada estaba cerrada. Pobres -pensamos todos- que va a ser de toda esta generación educada en la sobreabundancia, mimada y consentida, con la que está cayendo. Y fíjate tú por dónde, toda esa pandilla supuestamente mimada y diletante, supuestamente egoísta y sin recursos, ha sabido adaptarse a las circunstancias de esta crisis económica y social brutal. Y, aunque continúen encerrados en la terraza de la precariedad, la mayoría ha conseguido crear refugios dignos y alegres para ellos y sus hijos. Son gente sin prejuicios a los que no les importa vivir en pueblos o zonas semiurbanas como Venta de Baños, con buenos servicios educativos y sanitarios, y con viviendas baratas. Y asisto admirada, como aquella generación perdida, por la que nadie dábamos un duro, ha ido fraguando un nuevo modelo de sociedad; una sociedad más moderna, más europea, mucho menos superficial y más práctica, más de crochet y mochila.

Tienen suerte los millennials españoles, tan castigados en otros aspectos, de que sus padres, boomers de más de 50 años, la generación egoísta según las revistas de fin de semana, aun no hayan perdido el sur de la mediterraneidad; y que, cuando la tormenta arrecia, que es a menudo, siempre aparezcan con mantas y chubasqueros, y derriben la puerta a patadas si hace falta. Qué bueno es tener una familia, aunque sea tan clase media, tan pequeñoburgues, como decían los modernos cuando yo era millennial.

 

Jara, un aceite esencial para las pieles maltratadas

La jara es un arbusto de la cuenca mediterránea de flores blancas y hojas de un verde brillante, pegajosas en el envés. La jara, o Cistus laudaniferus, es una planta de acreditadas cualidades dermocosméticas,  ya usada en la antiguedad, con resultados extraordinarios para lesiones difíciles. El aceite esencial de jara es un muy buen cicatrizante, y regenera las celulas en úlceras y escaras. Nosostros, en el laboratorio de la Farmacia Sanz de Venta de Baños lo usamos mucho, y con resultados fulgurantes, en concentrados y cremas antiedad. Para esas pieles apagadas y castigadas por el exceso de sol, y del paso del tiempo, el aceite de jara es un excelente paliativo, y además con una fragancia muy delicada.

Queremos recordarles que en nuestro laboratorio de fórmulas cosméticas sólo usamos aceites de calidad que conservan todas sus propiedades cosméticas.