EL RINCÓN DE LONGINA: 'Apostasía de una middle class replanteándose la banda sonora de su vida.'

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EL RINCÓN DE LONGINA: ‘Apostasía de una middle class replanteándose la banda sonora de su vida.’

25 abril, 2016
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A ver si escribes- me dice mi hijo Andrés, que además de hijo es mi jefe. Mira este informe que me ha pasado Sara. No puede ser. Nuestra presencia en las redes se ha desplomado desde que no cuelgas lo de la clase media. Ya verás-pienso yo con rencor disimulado. Se va a enterar esa chivata la próxima vez que intente hacer una incursión en mi fondo de armario. La chivata en cuestión es mi sobrina Sara, que además de sobrina es la especialista en redes de la Farmacia Sanz. Y es que he de decirles que las conversaciones con mi generación milleniall se desarrollan todas en absoluto silencio; ya paso de verbalizar nada con ellos. Antes nada más abrir la boca me abroncaban, y ahora- todavía más humillante- me miran con el interés de un paleontólogo frente a un fósil del paleolítico, para cuestionar, antes de que haya hablado, todo lo que, según ellos, tenía pensado decir. Por eso, obediente, yo escribo, sin comprender muy bien como mis tonterías pueden afectar a las ventas de la farmacia. Y porque no quiero perder el futuro, eso que según sus amigos es lo que mantiene joven a Karl Lagerfeld y no las inyecciones de vitaminas en la cara. Con la fobia que me dan las agujas.

Ya llevaba yo un tiempo con el reconcome: igual tenía que haberme tomado más en serio las predicciones de mi profesora de Metodología de la historia sobre el uso de la computación en la investigación histórica. ¡Bah! Tonterías de los americanos. Donde esté el olor a moho de un archivo-pensaba yo con mi clarividencia. Y el rock y los Beatles, música meramente imperialista, sin un recorrido factible en el devenir histórico. Y además en inglés, el idioma del imperio. Mucho mejor languidecer con la chancon francaise, y cantar al amor libre y a la revolución permanente con Moustaki y la nueva trova cubana. Sí, ya sé que también estaban Leonard Cohen y Joan Baez. Pero tengan en cuenta que mi educación musical comenzó cantando Le meteque en clase de francés y el te recuerdo Amanda en las reuniones de una parroquia de izquierdas. Y eso te marca.

Nunca he renegado de mi pasado ideológico. Ciertamente éramos de un idealismo algo cursi, pero nuestro discurso no estaba exento de inteligencia y factibilidad, como se demostró con los altísimos niveles de igualdad social alcanzados durante los últimos años del siglo pasado. Y sin embargo he de confesar que el otro día añadí a mi lista de reproducción varias canciones de Coldplay, por qué, sin lugar a dudas, se friega y se corre mejor con Viva la vida que con Grandola vila morena. Y como una cosa lleva a la otra, ya he llegado a Metallica. Pero no sufran: una sobrina mía acaba de descubrir a Silvio Rodriguez, y yo por si acaso estoy aprendiendo a guasapear, no se me vaya a escapar el futuro.