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Castilla, ceñuda y cárdena(con varias correcciones)

Domingo, Abril 25th, 2010

Me había jurado a mí misma no escribir sobre Delibes, porque a Delibes lo mejor es leerlo. Pero, desde su muerte, el pobre Delibes anda en un trasiego agotador, entre los que tratan de convertirlo en una especie de pendón de Castilla, en adalid de la pureza y la seriedad de lo castellano, frente a los que esgrimen que no es para tanto, que como escritor, tal vez esté sobrevalorado; porque ¡ fijate tú! no ha creado ni escuela. Y, encima ¡el rey no ha ido a su entierro!, como si su figura fuera a sufrir algún demérito porqué el rey vaya o no vaya a su entierro. Y a Delibes, seguramente, lo le haría ninguna gracia verse convertido en estandarte de causa alguna: porque los paseos por los parques- como los suyos por el Campo Grande de Valladolid- te llevan a reflexionar sobre la banalidad de la fama, que a nada que te descuides, acaba convirtiéndote en una eterna estatua decimonónica, engolada y rígida; y encima cagada por las palomas. Pero, el otro día, en su columna de El País, Elvira Lindo, con muy buen criterio, defendía a otro columnista- no recuerdo su nombre-vilipendiado en internet, por atreverse a decir, que el mundo de los libros de Delibes era algo del pasado, que habían perdido validez. Y yo, que no puedo evitar meterme en todos los charcos, quiero decir que estoy de acuerdo: no se debe justificar nunca el insulto, y menos parapetado trás la impunidad de una masa vociferante; y que también es verdad, que el mundo de las Ratas, de El Camino, de Cinco horas con Mario ya ha pasado a mejor vida. Y ¡ menos mal!; Porque ¿quien puede añorar aquella sociedad pacata e hipócrita, de bisbiseos y susurros? y además tan triste. Aunque hay que decir también que aquella fué una época de superación, de sobreponerse al dolor de los cambios, para, como Daniel el mochuelo, progresar en la vida. Y que no todos los que estudiamos en colegios religiosos guardamos un mal recuerdo, ni sufrimos abusos, ni discriminación de clase. Y que si fuera cierto lo que se dice de la educación que recibimos, las generaciones españolas que van desde la Republica hasta la democracia, estaríamos tan llenas de traumas, que a la SS no le quedaría más remedio que importar a todos los sicoanalistas argentinos; y al gobierno hacer un plan E para fabricar divanes. Y que con nuestro progreso, progresó también la sociedad. Y con los libros de Delibes.

Es indudable que Delibes ha tenido un papel muy importante en el cambio- yo creo que a mejor- de la sociedad española: ridiculizó con maestría la crueldad y estupidez de ciertas costumbres, como el nepotismo, la hipocresía o la injustificada desigualdad social; pero supo mantener siempre el respeto y la piedad por todos sus personajes, sin caer en el maniqueísmo irreal, de por ejemplo, Saramago. Y no es cierto que sus libros hayan perdido vigencia, porque el mundo que reflejan haya desaparecido: tampoco existen ya los sanatorios para tuberculosos, y a mí me sigue compensando cargar en el bolso con La Montaña Mágica; ni los campos de exterminio nazi, que aunque fueron cerrados hace años, siguen presentes, con todo su metódico terror en Si esto es un hombre. Porque quedan hombres y mujeres aterrorizados por el paso del tiempo y la inevitabilidad de la muerte; y tiranos y borregos agazapados en el olvido y la desidia de cada nueva generación. E igual que en el mundo de Delibes, no nos engañemos, la sociedad española actual adolece todavía, de demasiada hipocresía, muchos rentistas- de dinero público-, y demasiados enchufes; y aún se sigue trapicheando con jamones y favores( que, ni siquiera son ya, los jamones de cerdo de toda la vida, los de las industrias cárnicas nacionales). O miren si no a su alrededor. Y de Delibes, quedará siempre su gozoso disfrute del paisaje de Castilla.

A mí también me gusta Castilla. Cuando hice el Camino de Santiago, al cruzar Galicia, me entró una gran melancolía; me abrumaba la monotonía de esos pasadizos verdes de mi infancia, tan abigarrados de castaños y zarzas, tan florecidos de saúcos y digitales, que la luz y los sonidos quedaban matizados, diluidos en tanta abundancia. ¡Qien me lo iba a decir! Me había entrado morriña de meseta: si cuando la crucé por primera vez, con diez años, había creido ahogarme con la intensidad del amarillo, con la dureza del paisaje, de polvo y cielo, donde no crecía más verde que algunos árboles en las riberas, y las marquesinas de las estaciones por las que pasaba el tren. En Cangas de Rei, en una papelería, compré el único libro de Machado que tenían: una antología para estudiantes. Y allí me reencontré con el patio de Sevilla, el huerto y el limonero; con los cárdenos alcores, los buitres y pedregales, de la Castilla miserable, envuelta en sus harapos, la que desprecía cuanto ignora. Y estaban los hombres ceñudos de pardo sayal, que incendian los pinares. Pero Longina- me dije yo a mí misma- igual es mejor que te subas la dosis de paroxetina, para quitarte de Castilla; y en cuanto a la luz te enchufas unos uvas. ¿Qué futuro va a haber entre tanto polvo, tanto buitre, aunque sea leonado, y tanto mal ceño incendiario? Pero me acordé- que en el libro no venía- que, que en Castilla primavera tarda, ¡pero es tan bonita cuando llega! . Y que allí estarían también los primeros lirios y las primeras rosas; las zarzas florecidas, y el azul del cielo cuajado de cigüeñas; y los ruiseñores de las riberas; y las margaritas y las violetas.

Y después de tanta poesía, vamos a lo serio; que todo el mundo sabe que la poesía no dá de comer. Y dice Eduardo, nuestro veterinario de Venta de Baños- el House de los veterinarios, pero sin mala leche y sin bastón-, que esta entrada me ha salido un poco cursi. Y yo soy muy autocrítica, pero lo de la crítica ajena, como que no la tengo suficientemente trabajada; así que he pensado para mi misma ( como ven, tampoco tengo muy trabajada la valentía): ¡anda, para cursi tú, que hasta tienes un dos caballos amarillo! ¡no te digo! Así que me veo en la obligación práctica de recordarles, y recordarme a mí misma, que este blog, aunque no lo parezca, tiene una finalidad comercial: que ustedes entren en la tienda on line de la Farmacia Sanz de Venta de Baños, Farmacilisimo, y se puedan informar de nuestros productos. Sobre todo de las cremas con fórmulas propias, y que les podemos personalizar. Y comprobarán que somos muy serios; pero para nada ceñudos, porque trabajamos con alegría andaluza y nos ponemos, mañana y noche, nuestro rellenador de arrugas, con bien de hialurónico y liposomas de vitamina C. Que, aunque me encante Castilla, yo en largueza sigo siendo del Bierzo.