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contra la crisis, la Farmacia Sanz propone estudiar la formula suiza

Lunes, Noviembre 17th, 2008

Con la música me pasa como con la poesía: no soy nada entendida pero hay piezas que me emocionan siempre; no importa las veces que las haya oído o leído.  Ahora  bien,no me pregunten sobre métrica ni sobre notas, porque no tengo ni idea.

De Shostakovich( es tan difícil de escribir como el esaquespeare de nuestro bachillerato en francés), me gusta el vals de la “Suite de Jazz, nº 2″, tan triste y decadente como el primer baile de Natacha y el príncipe Andrei en “Guerra y Paz”, ese en el que él la envuelve, para siempre, con su tristeza algo empalagosa y estreñida. Por eso el otro día fui tan contenta a un concierto, donde una de las obras, era su “Sinfonía nº 10 en Mi menor”. Y que me perdonen los sostakovistas, pero yo no acabé de encontrarle el gusto, porque me faltaba una melodía conductora que pudiera reconocer. Me parecía como una sinfonía desestructurada, y yo de lo desestructurado, ya sea literatura, música o cocina, paso. Y aunque reconozco que son las vanguardias las que hacen avanzar la cultura, no es menos cierto que las retaguardias pueden mantener el sentido común  cuando el rey vaya desnudo. Y yo además, el poco tiempo del que dispongo para el disfrute, me niego a emplearlo en desentrañar las chorradas mentales del artista de turno, aun a riesgo de no  pasar a la historia por haber reconocido una obra de arte ¡eso que lo hagan los crítico que para eso cobran!  Confieso que no he podido con “Rayuela”, ni me gusta el cubismo, y que en algunas películas me imagino a Buñuel muerto de risa con las interpretaciones de las gamberradas de su subconsciente. Ahora bien, siempre es más recomendable la compañía de un surrealista divertido, que la de un existencialista llorón con la calavera de Hamnlet siempre a cuestas. Y es que a mi ya se me ha pasado la edad en la que los malos y los filósosfos tristes resultan interesantes. Yo a los conciertos voy a disfrutar. Y ahora, que he superado el estrés de no saber cuando aplaudir( no se crean, que tiene su dificultad; ante la duda lo mejor es disimular, y con displicencia de entendido, no conceder el aplauso hasta que ya lo haga el resto del público), me extasío con la coreografía de los violinistas, las manos libidinosas de los chelistas y las miradas de complicidad entre los músicos. Y he de decir que los del Este( los músicos), me dan poco juego, porque ejecutan las piezas con seguridad y eficacacia, pero con una frialdad de funcionario aburrido.

El invierno pasado cantó en Valladolid Cecilia Bartoli, acompañada por la Orquesta de cámara de Basilea. Era un concierto( la prensa siempre tan original) emblemático, un digno colofón para una temporada de gran nivel interpretativo, tan imprescindible que se ocuparon incluso las butacas de los fantasmas, esas que suelen quedar siempre vacias, y que casualmente son las mejores. Estaba la sala de bote en bote, con un  bullicio alegre de zarzuela, con tantos visones y estrases como un cabaret de los años veinte. Pero cuando se apagaron las luces y, en procesion triste, unas figuras de negro antiguo medio levitaron sobre la tarima del escenario, todo el bullicio se quedó en unos carraspeos nerviosos y culpables. Y no era para menos, porque aquella orquesta de Basilea hacía gala de un calvinismo tan decoroso, tan minimalista, que todos los visones y estrases, toda la alegría de la sala parecían devaneos pecaminosos de una socidad decadente. Pero como un hada madrina entró Cecila, y con su vestido fusia chillón, la gran melena negra suelta y los brazos y el escote cuajados de brillantes, rompió el maleficio. Y no me digan como pudo ocurrir, tal vez  cambiara la orientación de la luz pero hasta las greñas destrenzadas de la flauta travesera se trasformaron en una renacestista melena ondulante( esto es una mera licencia literaria, porque no recuerdo si la melena era de una flautista o de una violinista; y ni siquiera si en una orquesta de cámara hay flauta travesera)

Y estos días cuando los próceres del mundo  están reiventando el capitalismo a mí me han entrado ganas de emigrar a Suiza y estudiar el fenomeno por el cual los suizos están tan silenciosos como si la cosa no fuera con ellos. No sé si se han dado cuenta pero deben de ser portadores de un gen  prodigiosamente mutado que les hace inmunes a los vaivenes del mercado, y mientras que la economía del resto del mundo está casi en coma, la suiza sigue tan sonrrosada como Heidi, sin que el estado haya tenido que darle colorote, para disimular ninguna divisorragia.

Mientras que se resuelve el misterio de la no crisis  helvética, la Farmacia Sanz de Venta de Baños pone a disposición de sus clientes una nueva marca de productos, centrada casi exclusivamente en la lactancia materna: Medela. Es una casa suiza con un catalogo cómodo e inteligente; y económico, ya que muchos productos son reutilizables como los discos absorbe- leche, y facilmente transportables como la bolsa para esterilizar, que se puede llevar en el bolso. Otra cosa interesante de esta marca,es que ofrece la posibilidad de normalizar la lactancia de niños con necesidades especiales como  los niños con síndrome de dawn o los que nacen con labio leporino. ¡y nos ha encantado! Pero por muy suizos que sean, nuestra crema para el pezón lactante mucho más barata y de la misma calidad.

La Farmacia Sanz de Venta de Baños también tiene su secreto. No sé si saben que las recetas  de formulas magistrales suelen terminar con h.s.a., que es la abreviatura de hágase según arte. Y el arte de su titular es precisamente el secreto de nuestra farmacia. Sólo que tiene tanto arte, y es tan meticuloso que los encargos se retrasan más de lo que la adjunta a dirección, o sea la que les escribe, está dispuesta  a tolerar. Esto puede generarar conflictos de competencias que a veces terminan en broncas entre los dos poderes, sin que nunca haya llegado la sangre al río, ni los papeles al juzgado de familia. Arguye el artista en su descargo, que también Hermés se demora en la entrega de los bolsos.Y tiene razón. Sólo que la falta de prejuicios tal vez le haga perder la perspectiva, y se olvide de que quizá Farmagistral todavía no sea una marca tan reconocida como Hermés, y todavía no pueda permitirse esos retrasos. De lo que hay hecho,  les ofrezco las clásicas polivalentes con antarcticine y hialuronico, que sigen gustando mucho, ahora en invierno más la que tiene apifil, y un contorno de ojos y ojeras con niacinamida( vitamina pp),fresno y silicio, que le hemos llamado ochy chërnye, ojos negros en ruso( la transcripción la ha hecho Alëna, que es rusa), que desestresa mucho los ojos machacados por el ordenador o el insomnio.

Hay que ver que de tonterias caben en 1149 palabras( ya 1160)